Película griega inclasificable que ganó un premio al Festival de Cannes y se presenta esta año en Sitges, ha dado de que hablar. La película es rara, difícil, dura, perversa y divertida, complicada de valorar y entender su significado real.
Lla historia nos cuenta la vida de un matrimonio y sus tres hijos, estos nunca han tenido contacto con el exterior de la casa. La educación de los padres marcará su manera de actuar y de entender las cosas, a ladrar como perros ante la presencia exterior, aunque sean gatos, el enemigo está a fuera, nunca hay que salir (ni dejar entrar).
El padre también cuenta con un papel interesante, es capaz de construir un lenguaje propio (que las margaritas sean zombies y que las vaginas sean lámparas), que los aviones aterricen al jardín, incluso controlar las necesidades sexuales de su hijo. Quien se salga de la raya será castigado de manera violenta y cruda, olvidando el ser padre.
La película consigue hipnotizar al espectador por su brillantez en la dirección. Técnicamente hecha con mucha sencillez narrativa y abuso de planos americanos y primeros planos. Las tomas son largas y fijas (no hay movimientos de cámaras como travelings, panorámicas,…) solamente alguna que otra toma en primera persona, aunque apenas son 3 o 4 en toda la película, todo sea para facilitar ese acercamiento a los tres hijos y sus problemas de entretenimiento, muy bien conseguido.
Pero la historia engancha, sus gags, no sabemos que pasa, pero lo podemos imaginar. La película traslada al espectador la vida que llevan los tres hijos, una vida conformista por parte de ellos que se acontentan con juegos absurdos como por ejemplo, quien se despierta antes o quien se quema antes. También el guión cuenta con un alto contenido sexual, incluso rozando el porno en según que momentos, escenas que aparecen sin más explicación difícilmente valorables, pero que como he dicho antes, el padre es capaz de controlarlas, por ejemplo con la única persona ajena a la familia que entra en la casa es una prostituta, que sirve para saciar las ansias sexuales del hijo.
En general estamos ante “algo” inclasificable, con interpretaciones abiertas al público, que hipnotizan al espectador y que las opiniones se dividirán entre quererla y odiarla.
Lo mejor: que en tiempos de crisis cinematográfica aparezcan películas tan originales, europeas, y de países poco comunes en productos cinematográficos de calidad como es Grecia.
Lo peor: Quien no sea receptivo con lo que está viendo lo pasará mal al cine.
31 de mayo de 2010
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